¿Por qué los pobladores no participan en política?

16 Febrero, 2022

La política estuvo sepultada durante tres décadas bajo el desenfreno del consumo, el “sálvate solo”, la interminable carrera por surgir y el espejismo del éxito. Pero la causa más evidente fue la falta de proyectos distintos a los del discurso oficial, lo que ha impedido la participación y la organización popular.

Sin embargo, la política ha reaparecido en los últimos dos años por el descontento del pueblo, que se ha movilizado en la calle para terminar con las injusticias de siempre. Pero también ha vuelto a estar en boca de los medios debido al Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución, la respuesta de la institucionalidad para frenar la protesta y contener la furia de las masas.

El circo de la Convención Constitucional, las pasadas elecciones presidenciales, los escándalos de corrupción y la eterna pelea entre gobierno y oposición han centrado la atención de la política institucional, lo que ha silenciado las problemáticas que vivimos cada día en las poblaciones y ha mantenido el poder en manos de los partidos. Porque todos los integrantes del sistema político institucional (la Moneda, el Parlamento, los municipios, los tribunales y ahora la Convención Constituyente) tienen un solo objetivo: asegurar el enriquecimiento de un sector minoritario a expensas del trabajo y el sufrimiento de la mayoría.

La política tiene relación con la organización de la sociedad, pero ellos solo imponen reglamentos y normativas que nada tienen que ver con la vida en la población o con los intereses de los pobladores. Por eso nos recuerdan solo cuando vienen las elecciones, para pedirnos el voto a cambio de la falsa promesa de tiempos mejores y jugar con los sueños de nuestra gente.

Es por eso que el discurso oficial, el que transmiten los medios de comunicación y que imparten los profesores en las escuelas, afirma que la participación política se reduce a votar. Sin embargo, el pueblo ha demostrado que esto es falso en varios momentos de la historia, cuando sindicatos, centros de estudiantes y organizaciones culturales y de pobladores han sido los verdaderos vehículos de participación política del pueblo.

Porque nuestra participación política jamás ha sido el voto, que solo sirve para validar a esos personajes que se alimentan de nuestras ilusiones para asegurar sus privilegios, sino que la movilización social: la gente presionando y movilizándose, protestando, organizándose para luchar en forma colectiva. Es la mayoría la que impulsa los procesos de cambio reales y trascendentes.

Los pobladores, al no hacer, ni participar, ni ejercer la política, hemos permitido que las elecciones se turnen la administración del Estado y las leyes. Sin embargo, hechos como el 18 de octubre o la acción de los secundarios (menores de edad, que no votan), entre muchos otros, han demostrado ser formas no solo de participar en política, sino que incluso de ser protagonistas de ella.

La institucionalidad está diseñada para suprimir los espacios de acción política real, por lo que impide que el pueblo determine su destino más allá de comprar y consumir, lo que limita cualquier desarrollo social o humano. De este modo se ha instalado la idea de que cada poblador debe luchar por sí mismo contra las dificultades e injusticias que este sistema nos impone. Pero todos tenemos el mismo objetivo, superar las carencias (de salud, vivienda, educación, servicios básicos, infraestructura, etc.) que se nos han impuesto y alcanzar una vida digna, y para lograrlo es necesario superar el individualismo, organizarnos, unirnos, discutir y planear cómo queremos vivir.

Es imprescindible revertir esta situación de desorganización, desunión y despolitización para construir una población que se junte, se relacione y luche unida por conquistar todo aquello que se nos ha negado. Esa es la verdadera participación política, la que nos permitirá mover los límites de la legalidad impuesta por los poderosos y superar las normativas que someten al pueblo a la precariedad en que vivimos. Solo así conquistaremos la vida digna como protagonistas de nuestro propio destino.